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AUNQUE ESTEMOS LAMENTANDO, AÚN ES TIEMPO DE PREVENIR

 

A estas horas estamos lamentando que más de un millar de turistas siguen atrapados en el pequeño pueblo de Aguas Calientes, al pie de Machu Picchu, la montaña donde se levanta nuestra famosa maravilla del mundo. Si bien los helicópteros de la policía nacional han realizado varios vuelos, montando una especie de puente aéreo, lo cierto es que no han podido evacuar a todos los turistas… ¿y los  habitantes de Aguas Calientes? Nadie los ha evacuado, pero… ¿si hubiera que evacuarlos?

La línea del tren que conecta a Aguas Calientes con Ollantaytambo y Cusco es la única vía de comunicación que tiene este poblado. Al día de hoy, el servicio de tren que cubre esta ruta ha tenido que ser suspendido por la gran cantidad de derrumbes que está sucediéndose a lo largo de la vía, lo que significa que el pueblo de Aguas Calientes está incomunicado. Las consecuencias entonces de un posible huayco o deslizamiento que pasara por el poblado serían mayores al desastre mismo pues no existen las vías ni los medios para evacuar a todos los que en ese momento se encuentren ahí.

Es políticamente incorrecto e impertinente además llamar la atención sobre esta gravísima situación pues es el momento de la solidaridad ante el problema, sumando esfuerzos para afrontarlo. Sin embargo, lo hacemos porque nunca hay buen momento para hacerlo. Si las autoridades están concentradas en el problema con los ojos puestos sobre esta localidad entonces es probable que hoy puedan entender mejor la magnitud del problema y que la opinión pública exija que se tomen dichas medidas.

Si bien los vecinos de Aguas Calientes se han acostumbrado a ser los dueños del negocio que significa ser la puerta de ingreso a la ciudadela de Machu Picchu, es hora ya que se construyan nuevas vías de acceso a la maravilla inca, independientemente de si ello les conviene a los belicosos vecinos del autodenominado Machu Picchu Pueblo. Propuestas ya consideradas en esta columna como los vuelos en helicópteros, los vuelos en avión hasta Quillabamba para bajar a MAPI después, las diferentes rutas incas a pie que sólo esperan conservación y  mantenimiento, son algunas de las soluciones que “todo el mundo” sabe que existen pero que nadie hace y que se deben aplicar inmediatamente, duela a quien le duela y caiga a quien le caiga.

Estos campanazos de alerta le ponen urgencia a una solución que ya se hace imprescindible. No esperemos a que se suceda lo peor para recién resolverlo pues, valga la redundancia, será peor.

 
 
 

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