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Un Justo Reconocimiento
Hace unos años se desató un escándalo cuando Promperú contrató como relacionista pública y de imagen a una señorita que había sido elegida como Miss Perú Universo. Una periodista denunció un supuesto affaire entre dicha dama y el entonces ministro de turismo y comercio exterior y que esa era la causa de la contratación, lo cual fue aprovechado despiadada y cruelmente por los periodistas para “informar”, comentar y chismear acerca de la “noticia” sentando a la pobre muchacha en el banquillo de los acusados a sustentar los méritos de su contratación. De nada valió que la periodista que lanzara la denuncia se retractara y se disculpara después (pues la denuncia era falsa). El daño estaba hecho: la señorita fue despedida y humillada, el gerente de la institución denunciado y el ministro salió ileso pero magullado.
Aunque ha pasado mucho tiempo del incidente pensé en ese momento lo que hasta ahora sigo pensando. Si una reina de belleza simboliza (valga la redundancia) la belleza y virtudes de la mujer peruana qué mejor entonces que contratarla para que represente a nuestro país en todos lados. Las mujeres tienen cualidades inherentes como la gracia, la belleza, la ternura y la seducción. Cualidades que las hacen ideales para promover al país. Que nuestras reinas de belleza, elegidas en sin números de certámenes durante todo el año, sean contratadas por el organismo de promoción del Perú para fungir de anfitrionas o promotoras en los eventos que el país participa lograría que la primera impresión de nuestro país sea la mejor en cualquier evento internacional (en lugar de empresarios calvos o presidentes gordos).
¿Por qué no, en lugar de atacar a una muchacha indefensa cuya principal cualidad es ser bonita, contratar a nuestras chicas lindas para entrenarlas y prepararlas para representar al Perú? Premio especialísimo que debieran tener estos certámenes de belleza es que Promperú otorgue un contrato por un año al menos donde las ganadoras aprendan o perfeccionen un par de idiomas, reciban cursos de relaciones públicas, manejo de imagen, locución, modelaje, etc. que las capaciten para cumplir su función de embajadoras de buena voluntad, de anfitrionas de nuestro país, de coordinación y ayuda a quienes manejan el protocolo en la cancillería.
Puede ser que alguien por ahí me tache de machista asumiendo que lo que propongo es que la mujer esta reducida a ser un artículo de adorno. ¡Nada más falso! La belleza no tiene porque ser considerado un demérito sino al contrario y debiéramos sacarnos de la cabeza el prejuicio de que las “misses” son únicamente calabacitas frívolas. La belleza de la mujer va más allá del rostro y en la sociedad debemos ensalzarla y admirarla. Por ello es que si elegimos a una muchacha para expresar la belleza de nuestras mujeres entonces démosle el reconocimiento que se merecen dándoles el privilegio y la responsabilidad de representar a nuestro país… y asegurémonos de hacerlo bien dándoles la preparación que requieran y los medios para hacerlo. Así verán en el mundo cómo tratamos a nuestra mujeres: por todo lo alto y no humillándolas como aquella vez.







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