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¿Por Qué Lo Que Ya Está Mal Lo Hacen Peor?

 
Justo en el año del Centenario de Machu Picchu, cuando los ojos de todo el mundo estarán sobre nosotros el Ministerio de Cultura cambia el sistema de compra de boletos para ingresar a la Ciudadela estableciendo un sistema burocrático donde los turistas, para comprar el boleto, tendrán que llenar sus datos en una ficha en internet, pagar el valor de la entrada, cual especie valorada ¡en el Banco de La Nación! y la ficha tendrá carácter de declaración jurada lo cual, dice a la letra, “está sujeta a los alcances del Código Penal, y constituye UN DELITO el dar datos falsos”.
¿Alguien cree que un turista se sentirá bien acogido en el país después de leer semejante advertencia? ¿Se imaginan a los turistas haciendo cola en el Banco de La Nación?
Dice el Ministerio que el sistema tiene como objetivo “tener mejores estadísticas y evaluar mejor a los visitantes” lo que significa que el turista debe hacer la labor del encuestador que no contrata el ministerio. Machu Picchu es un atractivo turístico, y los turistas vienen para conocerlo, no para ser ellos objeto de estudio. Uno debiera poder comprar su boleto en ventanilla ya sea pagando en efectivo o con tarjeta de crédito (que tampoco aceptan). Y lo lógico sería que se comprara por Internet con tarjeta de crédito (pero tampoco se puede).

La Dirección Regional del Cusco del hoy Ministerio de Cultura lleva al menos 5 años tratando de implementar un sistema “mecanizado y moderno” de vender los boletos lo cual ha sido incapaz de lograr. En el camino ha ahuyentado a todo aquel que quisiera implementar o siquiera proponer un sistema moderno, eficiente y, sobre todo, transparente para la venta de las entradas. En carne propia hemos sufrido denuncias policiales, demandas judiciales y hostigamiento a través de la prensa por atrevernos a desarrollar un sistema que funcione… como en cualquier parte del mundo.

El Museo Británico recibe 8 millones de turistas al año, la Torre de Londres alrededor de 6 y los Museos Vaticanos unos 8 millones que además pagan 11 euros por entrar. Ni qué decir del Louvre de París o el MET de Nueva York. Todos estos monumentos y museos se preocupan por hacer agradable y enriquecedora la experiencia del visitante. En cambio aquí los burócratas, más escondidos en sus escritorios que en contacto con el mundo real, diseñan sistemas que día a día convierten la experiencia de visitar los monumentos cusqueños en un suplicio y limitan el ingreso a MAPI a apenas 2500 visitantes, condenando al turismo peruano a no recibir más allá de un millón de turistas efectivos al año.

Afortunadamente la grandeza de nuestros monumentos es tal que hacen olvidar las penurias, sinsabores y absurdos que deben sufrir los apenas 600 mil aventureros que se animan a venir hasta aquí cada año (en el mundo hacen turismo 800 millones de turistas al año). Alguna vez la Cámara de Turismo de Cusco (CARTUC) planteó que la visita a Machu Picchu debía ser una suerte de peregrinación que recorriera el bello entorno de naturaleza y cultura para llegar imbuidos de un espíritu místico a nuestra Maravilla del Mundo. Lo que no previó CARTUC es que los burócratas lo convertirían en un via crucis absurdo. Dios coja confesados a los que se atrevan a ir.

 
 
 

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