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Tratando de Llegar a Buen Puerto

 

Si en algo coincidíamos la mayoría de los peruanos cuando Alan García asumió su segundo gobierno era que buscaría hacer las cosas bien esta vez para pasar a la posteridad como un buen presidente y borrar así con la mano el desastre que con el codo nos dejó en su primer gobierno. A diferencia de la vez anterior, esta vez tenía un país en marcha galopante, con las mejores cifras macroeconómicas de la región y con los ojos del mundo, por fin, puestos sobre lo que ya se denominaba “el milagro peruano”. Digamos entonces que la cosa pintaba fácil y, al igual que los presidentes chilenos y el mismo Toledo por acá, lo que Alan debía hacer era no tocar nada y dejar que el país siguiera su marcha. ¿En qué debía concentrarse? En generar bienestar a través del gasto social: mejor educación, mejor salud, más viviendas. Es decir, salir a gastar y cosechar aplausos. Mejor, imposible.

Y pareciera que en líneas generales lo estaría logrando pero puede adivinarse en el interín que los nervios lo están matando y comienza a flaquear las fuerzas y la concentración. Sólo así podría explicarse la casi ridícula incapacidad para actuar con lógica y meterse en tantos problemas por no explicar nada. El levantamiento de los indígenas de la selva es un ejemplo doloroso y revelador: más de 50 días quejándose por la promulgación de unas normas que justamente los beneficiaba terminan en una batalla campal en la que mueren más de 50 personas. ¿Todo para qué? Para que el gobierno nuevamente se quede inmovilizado con lo cual las protestas continuarán arrinconando cada vez más al gobierno contra las cuerdas.

En el plano económico, el gobierno está nuevamente contra las cuerdas en el ring mediático. Dubai Port World (DP World), la operadora de puertos transnacional, ha declarado que invertirá 1300 millones de dólares para modernizar el puerto del Callao (el principal puerto del Perú) y convertirlo en un mega hub, es decir, en el principal y más grande lugar de encuentro de toda la costa oeste de Sudamérica. Tamaña oferta sólo debiera generar de parte de los peruanos un sí rotundo sin dudas ni murmuraciones. Esta oportunidad de oro, en la coyuntura de crisis mundial que vivimos y siendo un país pobre, habría que aceptarla sin titubear. Sin embargo, la oferta de DP World pareciera, según apremia la prensa, que es por tiempo limitado por lo tanto “compre ahora que es la última que me queda” como diría cualquier vendedor de aspiradoras que se respete.

Siempre he desconfiado de esas ofertas de “compre ahora…” En primer lugar, según lo que hemos podido averiguar, Dubai ofrece invertir los 1300 millones… en los próximos 30 años. Es decir, de acuerdo a cómo vaya el negocio irán invirtiendo. Segundo, DP World necesitará que le aseguren en al menos unos 100 o 150 kilómetros que no hayan otros puertos que le hagan competencia. Tercero, ya después de las barbaridades cometidas como la venta del gas a precios ridículos el Perú debiera convencerse que una “acción dorada” es imprescindible para asegurar los intereses del país y no quedar como ingenuos o tontos.

Pero, quien ha salido a plantear el debate es el congresista Negreiros, líder del sindicato de estibadores que alcanzan con las justas a 1200 trabajadores (resultaría inaudito que un millar de personas puedan poner en jaque a un país). Y de paso le han endilgado a ENAPU la prerrogativa de ser el contrincante en el debate cuando debieran ser las autoridades como Pro Inversión, OSITRAN y la Administración Portuaria Nacional quienes informen debidamente los elementos de juicio a fin de que la ciudadanía se forme una opinión certera de lo que conviene o no al país. Pero nuevamente, la torpeza e incapacidad del gobierno para informar hace que tengamos la impresión de que un ministro de transportes pusilánime se esconde detrás de su escritorio presionado por una horda de “gente brava” del puerto que lo linchará si dice sí.

Napoleón le decía a su mayordomo antes de cada batalla “vísteme despacio que estoy de prisa” Al margen de la torpeza o no que el gobierno de turno pueda tener haríamos bien los peruanos en revisar lo que se nos ofrece. Ya una vez el finado general Pinochet les recomendaba a sus compatriotas “compren el Perú que está barato” y así hemos vendido las telecomunicaciones y últimamente el gas nuestro de cada día. Miremos con cuidado lo que hacemos, no sea que se nos acaben las joyas de la corona.

 
 
 

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