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El Horror del Viernes
Lo sucedido el viernes en la localidad de Bagua, en la llanura amazónica nororiental del Perú no puede ser soslayado ni aun por este boletín que debiera enfocarse en turismo. No puede soslayarse porque lo sucedido (23 policías asesinados, de los cuales 5 de ellos fueron degollados y 1 muerto por un tiro de un fusil de largo alcance, además de 30 nativos muertos y 150 detenidos) ha marcado un antes y un después que debe reflexionarse muy seriamente por las consecuencias que traerá y por el significado que conlleva.
Para comenzar, debe decirse claramente que el ataque del viernes por parte de estas hordas de nativos es un acto de subversión. No admite ninguna circunstancia o atenuante pues, después de 53 días de tener sitiada toda esa región del país, se produjo un ataque violento y armado contra las fuerzas del orden que custodiaban instalaciones estratégicas como pueden ser los depósitos de combustible. Peor aún, los subversivos, considerados hasta ahora como manifestantes, habrían ejecutado ilegalmente al menos a 14 policías, degollándolos y exhibiendo sus cuerpos, al más puro estilo que los movimientos terroristas del siglo pasado.
Por su parte, los congresistas (siempre mirando el rédito propio y no el del país) buscan aprovechar el momento para traerse abajo

al gabinete y anotarse así otro triunfo en su lucha por el poder contra el gobierno. Peor aún, ahora reclaman con más fuerza derogar los decretos que fueran el pretexto de la asonada indígena para congraciarse con los revoltosos, aceptando así el chantaje de los manifestantes y dando el mensaje a toda la población de que mientras más gritas, más te hago caso. La actitud correcta debiera ser
que nuestros congresistas analicen seriamente la constitucionalidad de los decretos en cuestión y el beneficio para el país en su conjunto y no los objetivos que se proponen unos cuantos. El problema es que para eso se requiere valor. Valor para votar y valor para explicarle a la población lo que es correcto aunque algunos griten que no están de acuerdo.
También consideramos que el gobierno no está actuando con la firmeza debida supuestamente porque no quiere generar enfrentamientos que convierta en mártires a los manifestantes. Pero esta actitud lo ha convertido en un gobierno timorato, calculador y convenido y por ende incapaz de solucionar los conflictos, ni aplicando el diálogo ni aplicando la fuerza. Lastimosamente el Sr. Yehude Simon, que aspiraba a ser el próximo presidente del país, deberá renunciar para refugiarse, sin pena ni gloria, en sus cuarteles de Chiclayo y terminar su mandato como presidente regional de Lambayeque. Hace unos meses dijimos que justamente el cargo de primer ministro era su oportunidad de demostrarnos a los peruanos que podía ser nuestro próximo presidente pero al parecer el puesto le quedó grande.
Dentro de toda esta tragedia, nos asaltan dudas también acerca de cómo se sostiene un movimiento violentista que durante 55 días lleva a cabo una propuesta. ¿quién paga los gastos de movilización, alimentación, alojamiento, comunicaciones y demás gastos logísticos? ¿No resulta sospechosa la defensa cerrada y desembozada de Ollanta Humala y su partido hacia este movimiento subersivo? ¿Será que su esposa trabaja febrilmente para hacer ingentes consultorías que financien el movimiento? ¿O mejor se quitan la careta de una vez y admiten que el gobierno venezolano está detrás de todo esto?
Queremos terminar esta reflexión enfatizando un principio que al parecer mucha gente ha confundido. Quien ha sido atacado, la víctima de este suceso es el Perú, no los indígenas que han participado. Nuestra solidaridad y reconocimiento debe ser para los policías asesinados. Si el Perú es una democracia y vivimos en un estado de derecho, entonces quienes no estén de acuerdo deben canalizar sus protestas dentro de los sistemas y vías que la democracia permite. Es inadmisible, condenable y debe ser sancionado que individuos tomen la justicia con sus manos, desconozcan la autoridad y peor aun que la ataquen. El fin no justifica los medios y en este caso cualquier reivindicación indígena ha sido deslegitimada por los propios indígenas y los que detrás de bambalinas pretender atentar contra nuestro país.







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