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Hay que Intentarlo

 

El convento de los agustinos en la calle Ruinas de la ciudad del Cusco ha estado abandonado por más de 30 años, lo que se dice, cayéndose a pedazos. Hace menos de un año una empresa, Inversiones La Rioja, anunció que invertiría 40 millones de dólares (sí, 40 millones) para restaurar el convento y convertirlo en el Hotel Marriott de Cusco. Un proyecto millonario que generará al menos mil puestos de trabajo nuevos y atraerá más turistas, pues toda la maquinaria Marriott se activará para vender Cusco dentro de sus clientes. Sin embargo, los cusqueños se han opuesto al proyecto, el municipio intenta revocar la licencia de construcción, ha paralizado las obras y el colegio de abogados de Cusco ha iniciado una campaña de recolección de firmas para que el Centro Histórico de Cusco sea declarado intangible y por ende nadie más, nunca más, pueda construir algo en Cusco. ¿Absurdo? ¿Ilógico? ¿Por qué? ¿Por qué reaccionan así?

Pongo este ejemplo en esta semana en que todavía estamos conmocionados por los bárbaros sucesos de la semana pasada en la selva nororiental del Perú en el que murieran 50 personas entre policías y nativos porque es necesario explicar (o al menos intentarlo) qué es lo que sucede en el interior del país para que gente que supuestamente necesita progresar y mejorar su calidad de vida reaccione tan violentamente contra algo que supuestamente la beneficia.

Primeramente es importante separa la paja del grano. Ya hemos venido alertando acerca de grupos organizados de agitadores que buscan crear conmoción social en el Perú con miras a debilitar al gobierno y acorralarlo políticamente para tomar el poder de una u otra manera. Pero no me refiero a ellos sino a las poblaciones del interior del país que han sufrido durante años, siglos en verdad, el despojo y la marginación dentro de su propio país. El desprecio y el desdén de la clase política y empresarial limeña pueden ser absolutamente insufribles para las provincias peruanas lo que ha generado sentimientos de rechazo hacia ellos, siendo considerados extranjeros dentro de su propia tierra.

De la misma manera, la actitud de los limeños es una mezcla de ingenuidad, soberbia y arrogancia. Es muy duro decirlo pero lamentablemente es verdad y me incluyo en ella. Llegamos a cualquier parte de nuestro país sintiendo que llegamos a nuestra casa y por ende podemos ver todo desde nuestra óptica de gran ciudad y centro del mundo sin considerar que nuestros compatriotas del lugar vean las cosas de diferente modo y que tienen costumbres, tradiciones y códigos de conducta y comunicación absolutamente distintos (ingenuidad). De la misma forma, nos sentimos superiores porque conocemos mejor el mundo y sus avances entonces nosotros “sí sabemos” cómo se hacen las cosas (soberbia) y hacemos uso de esa capacidad (arrogancia) atropellando los derechos de los demás con nuestro poder y nuestro dinero. Obviamente, como es fácil darse cuenta somos detestados y temidos donde sea que vamos porque llegamos para arrasar con todo sin respetar nada. Nosotros mismos obligamos a la gente a defenderse de nosotros.

Muchas veces la verdad no es lo relevante sino la sensación de verdad que se tiene. En las provincias del interior del Perú pueden estar en un error de percepción es verdad y es cierto que no todos los limeños o inversionistas extranjeros (para este caso es lo mismo) son injustos, abusivos o arrogantes, pero lo cierto es que así nos ven. Por ende quiero proponer hoy día, para comenzar desde hoy mismo ha resolver el problema y que no se repitan hechos como los de Bagua, que hagamos un ejercicio de humildad: comencemos a escuchar. No digamos nada, resistamos la tentación de defendernos y escuchemos. Son siglos de mudez que deben desahogarse. Para ello hay que premunirse de valor y paciencia pues lo que nos dirán al principio no será agradable ni cortés. Nos dolerá y pensaremos que no es verdad y por ende injusto, pero sigamos escuchando. Es necesario porque iremos comprendiendo cómo piensan, que sienten, que quieren y que necesitan. Solo así podremos después explicar mejor lo que nosotros anhelamos y pensamos. Creo que en ese momento se podrá hablar de comunicación… y seremos un país mejor.

 
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Con 20 años recorriendo el Perú, Luis Castañeda Luna, Luchín, ha desarrollado una intensa gestión empresarial y profesional. Autor de diferentes publicaciones y con amplia experiencia en prensa, es un comunicador nato. Hoy en día sus actividades empresariales abarcan los sectores turístico, cultural e inmobiliario. (más información en www.luchin.pe)

 
 

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