Los Museos y el Turismo (parte 1)
Con motivo del Día Internacional de los Museos iniciamos una serie de artículos dedicados a reflexionar acerca de los museos y su trascendental papel en la industria turística y en la sociedad en general.
El 18 de mayo se celebró a nivel mundial el Día Internacional del Museo, fecha instituida para revelar el papel de los museos en la vida de la sociedad. El Consejo Internacional de Museos (ICOM), institución que agrupa a los museos en el mundo decidió celebrar este día con el tema “Los Museos y el Turismo” para relevar la importancia que tiene el turismo en el cuidado del patrimonio y a su vez relevar al museo como un espacio de encuentro entre los turistas y las comunidades locales.
En nuestro país el tema no podría ser más relevante puesto que los museos en el Perú generan sus ingresos básicamente por los boletos de entrada que pagan los turistas. Nuestras poblaciones locales no tienen una cultura de visitar los museos de su comunidad por más intentos de promoción que se han realizado. Lo que debiera ser una práctica común de visitar museos para disfrutar de las exposiciones permanentes y temporales no es, desafortunadamente, parte de la agenda mensual de una familia común y corriente.
Museos, agentes informales del turismo
Por ende, los primeros que debieran entender la importancia del turismo para los museos son las autoridades mismas que, indiferentes o ignorantes de la importancia que tienen los museos como repositorios de la cultura de un país (lo que significa en buena cuenta la esencia de un país, lo que lo define), no son capaces de velar por ellos y asegurar que los museos cuenten con los presupuestos necesarios para mantenerse (que involucra seguridad, restauración, conservación, etc.). Por ende, dado que los museos no cuentan con un soporte efectivo, o en todo caso insuficiente siempre, es absolutamente vital que el turismo reemplace o complemente los recursos que necesitan para sobrevivir. Por ello nos extraña tremendamente que el proyecto de la nueva ley de turismo que algún día el congreso quizás apruebe no considere como prestadores de servicios turísticos a los museos, negándoles así el concurso y la relevancia en la industria turística que les corresponde.
Este hecho no solo es discriminatorio sino miope pues ignora que los museos y monumentos, como atractivos turísticos, son el principal motivo de viaje para los turistas. Todos los demás prestadores turísticos son facilitadores de servicios (hoteles, restaurantes, agencias de viaje, transportistas, etc.) para que el turista pueda llegar y disfrutar del lugar y del atractivo que quiere ver (cuando el turista llega a Cusco, llega para visitar Machu Picchu, la Catedral o Sacsayhuamán, no el hotel A, B o C o porque quiere disfrutar de la experiencia de viajar en una u otra aerolínea) por ende si hay un prestador turístico por excelencia es el museo o el monumento mismo, quien debiera entonces participar en la comunidad turística como actor privilegiado, reconocido por la ley y que así pueda entonces participar en el negocio de igual a igual.
El trato de los operadores
Hablando de los prestadores de servicios turísticos que sí son reconocidos por el proyecto de ley, también debieran tomar conciencia de la importancia de los museos y los monumentos para su propio negocio pues son éstos el objetivo del viaje como decíamos anteriormente. Debieran tomar conciencia que se sirven de ellos y sus contenidos para organizar sus itinerarios o alrededor de los cuales prestan sus servicios. Debieran tomar conciencia también que el cuidado, protección, mantenimiento y conservación es muy costoso y requiere de grandes presupuestos (para no hablar de investigaciones o restauraciones) los cuales son generados por la venta de boletos de entradas, venta de souvenirs, cafetería, eventos, etc. (ya que en el Perú las donaciones y mecenazgos son muy escasos).
Dado que vivimos en una economía de mercado, sujeta a la oferta y la demanda, las tarifas que cobren los museos deben tener una correspondencia con los servicios que presta sin embargo justamente por la importancia de esos servicios y el privilegio que implica el disfrutar de su entorno es que los operadores turísticos debieran tener la consideración y el respeto debido reconociendo el justiprecio de la tarifa cobrada en lugar de someter a presiones constantes para rebajar tarifas o impedir incrementos razonables que permitan mejorar servicios o ampliar la oferta museográfica.
Probablemente esta serie de artículos sean considerados poco elegantes o muy agresivos por enrostrar una falta de consideración hacia los museos o a lo mejor ingenuos por reclamar que los otros actores no se aprovechen de una situación para ganar más dinero a costa de los demás. Total, negocios son negocios. Sin embargo, también debiera tenerse en cuenta que hay que cuidar las gallinas de los huevos de oro y no servirse de ellas simplemente.







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