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EL MERCADO DE PÍSAC: PONIÉNDOLE EL CASCABEL AL GATO

 

Hace muchos años ha, cuando llegue por primera vez al Cusco, a la edad de 13 años, Dueñas, el chofer que mi padre contrató para que nos paseara por todos lados, nos llevó “en día de valle” a la feria de Písac donde los campesinos de todas las comunidades bajaban al pueblo para intercambiar, en ancestral ritual de trueque, sus productos y mercaderías. Aun recuerdo entre sueños a mi padre tratando de comprar algo con Dueñas riéndose mientras hacía de traductor. Era como si el tiempo se hubiera detenido y uno pudiera sumergirse en ese país ingenuo y auténtico que existía aun. Hoy en día, en cambio, la feria de Písac se ha vuelto una barata de artesanías a la cual son llevados los turistas para comprar artesanías y demás souvenirs de quién sabe dónde (porque a propios y extraños nos queda la duda de que hayan sido confeccionadas ahí), haciéndole ganar a quién sabe quién. Ojo que nuestra crítica no va contra el hecho de que comerciantes ganen vendiendo sus mercaderías honesta y esforzadamente. Lo que no nos parece correcto que se promocione y venda como atractivo turístico algo que no lo es o simplemente ha dejado de ser.

Una propuesta, en cambio, seria, atractiva y honesta, es la que promueven los hermanos Caparo en su fundo Awanacancha, justamente bajando a Písac desde Sacsaywamán. Un rancho pequeño pero que muestra en apenas una hectárea a todos los auquénidos peruanos, vivitos y coleando, para que los turistas pueden conocerlos a cabalidad. Además, tienen diversos artesanos trabajando con auténticas técnicas ancestrales que le permite comprender a los visitantes el valor del legado cultural andino y de las piezas mismas, pues están hechas a mano… y pueden comprobarlo. Finalmente, uno ingresa a una soberbia tienda donde encontrará una selecta, muy selecta, gama de artículos de lana de alpaca y vicuña, de diseños exclusivos y de primerísima calidad. ¿Los precios? ¡Qué importan! El público que visita Awanacancha es un público que está dispuesto a pagar por el valor de las cosas, no por el precio de las cosas. El Cusco está cambiando, los turistas ya cambiaron, y allá el que lo quiera ver. Los Caparo ya lo vieron.

Por eso invitamos a autoridades, comerciantes y operadores a “ver con ojos de ver” el complejo de Písac. Un monumento enorme y majestuoso enclavado en la montaña y con gigantescos andenes que podrían muy bien servir para montar unas acogedoras cafeterías campestres que inviten a descansar de la ardua, agotadora y extensa caminata. Con el cuidado debido (protección de los muros, eliminación de basura, servicios higiénicos, etc.), podría dársele en concesión a las señoras que venden jugo de naranja en carretilla (atroz expresión de la improvisación) estos módulos de atención, pasando por la indispensable capacitación. Además, en módulos bien diseñados, los vendedores de artesanías tendrían la oportunidad de vender sus productos en el lugar exacto y en el momento exacto… tal como sucede en cualquier museo del mundo (la venta de souvenirs siempre está a la salida, junto a la cafetería). Finalmente el turista será el mayor ganador de la jornada pues podrá sentarse a descansar satisfecho de su visita mientras toma un refresco admirando el majestuoso paisaje de las montañas del frente.

¡Horror! ¡Herejía! ¡Apártate Luchifer que con tus blasfemias tientas a los mortales con tus sucios negocios!, es lo que dirán los puritanos y conservacionistas que defienden la sagrada integridad de los sagrados lugares que dejaron sus sagrados antecesores. Pero no, está columna no ha sido creada para llevar el amén. Ha sido planteada para proponer ideas nuevas, para romper esquemas, para proponer alternativas. Sin tabúes, pero sin ofensas. Porque los cusqueños de a pie, esos que reclaman trabajo necesitan oportunidades y para ello se requieren ideas frescas… y baratas. Y esta es un ejemplo de ellas. Así que sugerimos a las autoridades que después de decir no, piensen un poquito y digan por que no… y a lo mejor terminado diciendo sí. La pelota está en su cancha.

 

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Con 20 años recorriendo el Perú, Luis Castañeda Luna, Luchín, ha desarrollado una intensa gestión empresarial y profesional. Autor de diferentes publicaciones y con amplia experiencia en prensa, es un comunicador nato. Hoy en día sus actividades empresariales abarcan los sectores turístico, cultural e inmobiliario. (más información en www.luchin.pe)

 
 

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