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Cuando Vayas a Cusco, Prueba el Limo
Advertencia al lector: la forma en que probé este restaurante no se la recomienda a nadie pues es la manera más desordenada, insolente y caótica de hacerlo… aunque me divertí mucho haciéndolo.
Ya en otras ocasiones les he comentado que suelo probar un restaurante pidiendo un tallarín saltado. Esta vez en el Limo no lo encontré en la carta así que me dejé llevar por la descripción del arroz chaufa, una combinación de arroz con frijol chino al que le agregaban en el wok el pescado y los langostinos. Me atrevería a decir que es el mejor chaufa que he probado pero como ello podría crear un sentimiento de vanidad en el cheff o que los rivales consideren que soy injusto lo pondré… digamos… entre los tres mejores.
No sé si habrán notado que he comenzado por el final, pues el chaufa fue el último plato en ordenar pero es que así fue como pedí, todo de un solo golpe para que los platos llegaran sin orden establecido. Al principio fueron unos makis o rolls que una barra de sushi ofrecía. Angelo, el itamae, recién se está acomodando a esa nueva vecindad que es Cusco pero en lo que se refiere a comida japonesa combina el arte del maestro con la osadía del artista. Supuestamente en makis ya no hay nada que descubrir pero desafiando a la realidad, los “perutames”, esa legión de sushiman peruvianos, siguen creando nuevas combinaciones. En mi caso pedí primero el acevichado, un clásico entre los makis, pero Angelo no le pone esa salsa medio espesa que queda rica sino que radicalmente acevicha el roll haciéndolo navegar en limón. Otra nota, otro sabor, otra delicia.
Y hablando de sushi, también es un acierto, con aires de reivindicación, que en Cusco uno pueda disfrutar ahora de esta comida. En el Limo pudimos disfrutar de un sashimi de salmón, corvina y atún francamente bueno. Ya no es necesario entonces esperar a llegar a Lima para disfrutar. Sin embargo, para los que sienten que pescado crudo no es la voz, también en el Limo encontrarán muy buenos ceviches y tiraditos como los que probáramos en esta ocasión. Muy recomendables, se los puedo asegurar.
El Limo pretende ser también un pisco bar, un concepto de bar autóctono que estimule el consumo de nuestra bebida de bandera. En Cusco este concepto es atinado y oportuno pues habiendo tanto turista es obvio que la vitrina para difundir el pisco es ideal. En la barra del Limo tenemos diversas variedades y marcas de pisco (dado que recién comenzamos podemos tolerar que no ofrezcan pisco Don Luchín todavía, jejeje) con los que han desarrollado una gama de tragos y combinaciones muy originales. Claro está que el pisco sour está siempre presente pero recomendamos que prueben los demás.
La ubicación del Limo no podría ser más adecuada: en plena plaza de armas, en el portal al costado de la Catedral. Segundo piso a la izquierda, uno puede sentarse en alguna de las mesas que miran a la plaza, aunque la forma correcta sería sentarse en la barra y pedir desde ahí. El mobiliario y la decoración han considerado el ambiente tradicional que rodea a la plaza de armas de Cusco pero con un toque de modernidad y estilo que proyecta al restaurante en el tipo sofisticado y elegante que pretende ser.
En fin, Limo es, qué duda cabe, un importante aporte a la culinaria en Cusco que sigue avanzando, a pasos agigantados, en consolidarse como la nueva plaza gastronómica del país.






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