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Querida, Te Invito un Café
El tedio y la rutina pueden ser fatales para una relación. Si a eso le agregamos las presiones del día a día, el hecho de que ambos trabajen y el cuidado de los hijos la cosa puede ser aun más complicada (benditos sean los abuelos que cuidan a nuestros hijos y también las empleadas) por eso es que muchas parejas han organizado, con lógica, experiencia y buen gusto, esas escapadas de a dos que permitan disfrutar de un tiempo sólo para ellos, sin nadie más. Aprovechar los martes la oferta 2×1 del cine resulta un magnífico pretexto para decirle a todo el mundo “me voy con mi mujer”.
Sin embargo, una última amenaza se cierne sobre la relación: los viajes. La construcción de grandes obras así como la minería tienen regímenes de trabajo, tipo 21 x 7 que resultan golpes duros para la pareja y la familia en general. El turismo no es ajeno a esto pues si bien los días fuera de casa pueden no ser tan largos, la frecuencia de los viajes es más alta por lo que el resultado puede ser el mismo.
Pero este artículo no se trata de jalarle las orejas a nadie ni tampoco crear cargo de conciencia. Yo escribo para compartir reflexiones y situaciones que me permitan, cual catarsis confesar lo que siento y al mismo tiempo aportar humildes soluciones que si en algo pueden ayudar, enhorabuena querido lector. Así que en estas líneas quiero proponerles una versión full day de aquel café que les propuse para evitar el tráfico atroz de nuestra gran ciudad. Modelo aplicable para cualquier otra realidad.
Para comenzar, esta propuesta que hago la acabo de comprobar. Estuve fuera de mi casa por casi dos meses, yendo de aquí para allá así que en una semana corta (pues vuelvo a viajar) decidí tomarme todo el miércoles (sí, un día en medio de la semana) para invitar a mi esposa a almorzar a un buen restaurante. La idea era tener un almuerzo largo, distendido, con sobre mesa incluida y un café “con aroma de mujer”. De ahí el programa continuaba dedicando el resto de la tarde a un museo de la ciudad (olvídense por un momento del cine) para llenarnos la mente de arte, comentar en voz baja la exhibición y caminar un poco para bajar el almuerzo.
Y aquí debo poner énfasis en la exposición en sí. Lima será sede hasta el 25 de enero de una muestra de lujo que consiste en 34 esculturas de bronce de cuatro artistas famosos, famosísimos como son Rodin, Renoir, Degas y Dalí así como sus pupilos, no menos brillantes como son Bourdelle y de Chirico. La muestra, propiedad del archimillonario Carlos Slim, muestra el apogeo de estos 4 maestros, incluyendo un genuino y maravilloso Pensador de Rodin, unos de los 20 que hizo y que hoy los limeños podemos disfrutar manejando apenas una hora hasta el Museo de Arte Italiano (informes en el 423-9932). ¿Cómo no sentirse conmovido por la fuerte expresión de los cuerpos tallados de Rodin? En lo personal, si bien puedo reconocer el genio de Dalí, debo confesar que me siento perturbado por sus esculturas que transmiten tantas emociones como si un alma atormentada estuviera saliendo de cada pedazo de bronce que tallara. En fin, es una muestra maravillosa que resulta imprescindible de visitar por la fama de los artistas y por la genialidad de las obras. Son piezas de clase mundial que sólo se ven en los grandes museos del mundo. Tenerlas tan a la mano resultaría un crimen no aprovechar de verlas. Atienden de martes a domingo hasta las 5 de la tarde. No importa si usted no conoce nada de arte, vaya igual que algo aprenderá.
Una reflexión final, si usted es de los que creen que es “imposible” tomarse un día completo para dedicarlo a su pareja porque tiene mucho trabajo o su jefe no le dará permiso, reflexione que querer es poder. Si usted toma la decisión de hacerlo, tenga por seguro que convencerá a su jefe de todas maneras, que no habrá correo electrónico tan urgente que merezca ser contestado y finalmente con no contestar el celular, sabrá al menos que llamadas perdidas tiene que contestar… al día siguiente.






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